Origame Digital, el estudio maorí responsable de Umurangi Generation (2021), ha lanzado Penguin Colony, su segunda obra, y lo ha hecho con una postura política tan explícita como la de su predecesora. Si Umurangi Generation abordaba críticas anticoloniales y antineoliberales, en parte a raíz del manejo del gobierno australiano de la COVID y los incendios forestales de 2020, Penguin Colony dirige ahora su mirada hacia el genocidio palestino en curso y hacia la silenciosa postura de la industria de los videojuegos.

Un viaje antártico con ecos de Lovecraft

En lo jugable, Penguin Colony se describe como una suerte de walking simulator en el que los pingüinos protagonistas recorren una Antártida consumida por pesadillas lovecraftianas, con una reinterpretación de En las montañas de la locura. El juego reformula a los exploradores académicos del relato de Lovecraft como ocultistas nazis alemanes y británicos, al tiempo que celebra la cultura y la supervivencia maorí. La obra se abre con reconocimientos de las tierras aborígenes y señala que el propio juego fue desarrollado en territorio Wurundjeri Woiwurrung.

Un mensaje tras los créditos y la decisión de no vender en Israel

El cierre del juego incluye el que la fuente describe como el pronunciamiento más abierto sobre BDS y el genocidio palestino por parte de un desarrollador desde que House House explicara la semana pasada por qué no venderá Big Walk en Xbox. Tras los créditos de Penguin Colony aparece un mensaje que señala que la cobardía de la industria de los videojuegos durante el genocidio en curso de Palestina por parte de Israel quedará registrada por el arte que produce.

Además, el juego no está ni estará a la venta en Israel, y presumiblemente tampoco en Xbox. Un miembro del editor Fellow Traveller explicó en Steam que, ante la ausencia de sanciones más organizadas, este acto busca demostrar solidaridad con Palestina, y que apoyan plenamente la decisión.

El contexto de la industria y el boicot a Microsoft

La fuente señala que el genocidio palestino en curso es una atrocidad que va siendo reconocida por cada vez más actores, más allá de quienes llevan años denunciándolo. Aun así, muchas personas del desarrollo y de la prensa de videojuegos evitan pronunciarse sobre su realidad o sumarse al boicot BDS contra Xbox y Microsoft, que BDS ha identificado como objetivo prioritario por la complicidad de Microsoft con el ejército israelí a través de la tecnología que proporciona.

El texto subraya que un pronunciamiento tan claro de Origame Digital tiene peso, como lo tuvo el de House House, como lo tuvo la carta abierta de la Future Class de The Game Awards pidiendo reconocimiento del genocidio, que fue ignorada y posteriormente abandonada del todo. También destaca el valor de no apoyar a Microsoft y de expresar el boicot en voz alta, en lugar de respaldar a la corporación mientras esta perjudica a Xbox y los medios de vida de miles de personas.

El desarrollador de Origame Naphtali Faluklner publicó en Bluesky, a propósito de la decisión de no vender Penguin Colony en Israel, que todo el mundo debería hacer esto, que se lo pidan a sus desarrolladores favoritos y que observen cómo responden.